miércoles, 30 de marzo de 2011

Damas y caballeros de Verdad


Telón.
Sube una hilera de cosquillas heladas por los nervios de las piernas.
Se deslizan hasta llegar a la boca y a los párpados, que se abren para contemplarlo. El escenario te mira desafiante. Retándote a subirte a él. A hacer como si fuese cualquier suelo más.
Pero no lo es. Claro que no.
Incluso cuando está vacío el escenario mantiene su connotación mágica. Es como una puerta hacia otra realidad. La de la imaginación. La del arte. El drama.
Pero ahora no está solo. Y tienes que aceptar el reto. Mueves un pie. Mueves otro. Agazapada. Torpe. Comprimida en un cuerpo que se ha ido a haciendo pequeño a lo largo de la tarde.
Y, de pronto, ocurre. El murmullo mudo de las miradas del público te da de sí. Te hincha como un globo de agua.
Comienzas a hablar. Y sonríes tanto por dentro que no puedes hacer otra cosa que seguir hablando. Seguir dejándote llevar por la interpretación.
No puedes. Es imposible evitarlo.
Acaba el primer momento. Te escondes en el lateral. Te sientas.
Esos minutos que compartes con tu personaje y contigo, en los que no sabes muy bien de qué estás haciendo, se pasan cortos y concentrados. Piensas en el escenario. Escuchas diálogos, murmullos. Intentas diferenciar susurros y repasar frases.
Imaginas cuántos grandes actores han debido sentirse así alguna vez y te pierdes en historias alejadas. En la bohemia de París o en un teatro romántico.
Pero no vuelas demasiado lejos. Una parte de ti no se despega de ese suelo. Observa la escena. Calcula y se va llenando de fuerza.
Vuelves a salir. Disfrutas.
Es la sensación de querer hacerlo bien.
No.
Es la sensación de querer hacerlo perfecto. De no querer fallar en nada.
Finalmente llega el telón.
Los aplausos a veces suenan alegres, otras tristes, otras intrigados.
Los tuyos suenan a poco y a nostalgia.
Vas a volver a tu vida.
Y te marchas, no sin antes echar una última ojeada al escenario. Al principio sonríes y piensas que le has ganado. Luego te das cuenta de que, en el fondo, sigues perdido en él.





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