miércoles, 9 de febrero de 2011

Hospital de Verdad I

Los hospitales son devastadores.

Queman por dentro. Hacen que el ser humano se retuerza entre dudas existenciales. Son lugares donde la muerte sopla tan fuerte, que hace que todas las llamas de vida se apaguen un poco.

Los hospitales son blancos y azules o grises y naranjas. Pero en realidad siempre tienen ese tono a “estate quieto” y, en el fondo, también a compañerismo (o por lo menos a compasión).

Cuando tu tiempo se derrite entre las paredes de un hospital, pierdes la noción de él.

Simplemente pasa. No puedes hacer nada, la concentración debe ser lo primero en apagarse.

Después se apaga la sonrisa, y éste es un proceso muy triste porque no puedes evitarlo. Tu sonrisa se apaga como si fuese el efecto secundario del antibiótico de la realidad.

Tal vez lo siguiente en extinguirse sean las ganas.

Eso, más que triste, es aterrador.

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