miércoles, 12 de enero de 2011

Miedos de Verdad

Hay personas que no soportan estar solas, siempre temiendo la futura y sigilosa soledad. Temen descubrir no pertenecer a este mundo. Temen lo que les queda por conocer, temiendo no conocer. Temen conocer la verdad que no conocen. Temen la mentira que intuyen. Temen tener miedo por temeridad.

La mayoría de las personas se pasan esperando ese “algo” toda la vida y mientras tanto prefieren aferrarse a lo que tienen o fuerzan acostumbrarse a algo mediocre pero seguro, porque lo tienen en la mano, bien agarrado, y les da miedo soltarse para coger una rama que está más alta. Es como ir a gatas toda la vida y no saber que puedes levantarte y andar, y así correr, y después saltar.

Lo que se espera no llega. Y si llega no alegra, porque no fue esfuerzo, sino espera.
¿Cobardía, miedo, orgullo, desconocimiento? De momento las tres tienen solución.
El más común es el miedo al fracaso. Cuando el fracaso lo provoca el miedo de no atreverse a fracasar. Atreverse ya es triunfar, y si no, probad. Caed. Sufrid. Errad. Arriesgad. Ganad.

Llegaréis a ser lo que brota, pero llegaréis a ser raíz.

Seréis la herida pero seréis la tirita.

Seréis la mentira que se sincera.

Seréis la cordura que se desata.

Seréis la locura razonada.

Seréis lo habitual en lo distinto.

Seréis vuestro yo más yo.

Seréis finales sin fin.


Y cuando no sepáis qué ser, dejaros llevar por ese "no sé qué".


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