miércoles, 26 de diciembre de 2012

Chica de Verdad IV


Y te conocí, no te reconocí hasta que supuse que esa sonrisa era demasiado cómplice y estaba demasiado cerca como para ser para otro. 

Te esperaba con el pelo liso y lo tenías rizado. Te esperaba con la piel blanca, pero venías de la playa. Me vi tranquilo y excitado. Con ganas y con miedo. 

Ojos como platos, sonrisa adictiva y desparpajo de aquí te pillo y no me callo. Sabías lo que decías, y aunque lo improvisabas, tus gestos ya tenían una experiencia natural y atractiva. Hipnótica, de muchas palabras con mucho contenido, y en cada coma como siempre, una sonrisa. Así no podía seguir. Demasiado demasiado fue todo para que luego no se quedase en nada. 

Cogí la tranquilidad, la excitación y las ganas y le sume el valor. Me resultaba un reto físico e intelectual, pero por suerte sonrió al verme y yo aún no había abierto la boca. Fue un tango de risas, detalles y momentos. Fue una noche larga para todos y “¿Ya?” para nosotros. Fue perfecto porque duró poco, lo suficiente para que ella me dijera al siguiente día “Oye, ayer estuvo muy bien, ¿verdad?” 

Verdad.







Continuará...


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